Cerca del cielo

Último sábado de septiembre, sábado de luna menguante y noche estrellada, en la que brillaron por méritos propios Chloé Bird y su banda, en un espacio singular y espiritual, el Convento del Palancar. Evento enmarcado dentro del Festival de las Aves, organizado con mucho gusto y mucho mimo por la Diputación de Cáceres.

Representó The light in between”, su último disco, inspirado en el arte del Kintsugi. La luz que se filtra por las heridas que el tiempo embellece con cicatrices. Recuerdo de amistades, amores que supuraron, dejando sus líneas grabadas a fuego en la piel. Lágrimas que perforan el interior y permiten que la luz penetre, reflejando sentimientos desconocidos que generan nuevos brillos en la mirada.
La belleza de una música, de una voz…, cerrar los ojos, dejarme llevar, sentir, sentirte, sentirme…

Acompañada por cinco frailes, como lo estuvo San Pedro llenando de oración, pobreza y penitencia estas tierras puras, limpias, sin añadidos. Como la música con la que nos deleitó esta joven intérprete, dejando una huella imborrable, con esa voz que acaricia el paladar de los sentidos. Notas musicales que salieron del piano de Chloé, del violín de Jara Roque, el cello de Elena Domínguez y la guitarra eléctrica de Manuel Velardo y de las nuevas incorporaciones, Celia Carabias a la viola y Rubén Cebrián a la batería.

Interpretación solemne y cercana, que se acomoda a la dehesa del Berrocal para evocarnos a aquella Teresa Salgueiro que tantas veces vino a visitar nuestros escenarios extremeños.

La semana pasada Chloé mandaba un mensaje de socorro a su madre “mamá qué difícil es la música”. Y nosotros le mandamos otro “Sigue. Vales. Vales mucho. Llegará el momento en el que puedas vivir dignamente de tu trabajo, de tu gran trabajo. Por favor, no te dediques a otra cosa.”

Si aún no has visto a Chloé, en breve la tienes en el Gran Teatro, https://www.granteatrocc.com/espectaculo.php?id=2037