Jóvenes Confinaos

Comparte esta entrada en tus redes sociales
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter

Un  día  te levantas y te das cuenta que la persona con la que has estado trabajando es fantástica. No es que no lo supieras, es que las circunstancias nublaban todos los escenarios y no te permitían valorar en su justo medida el valor de su compañía.

Es lo bueno de los cambios, de las crisis; es la cara de este COVID 19 que nos tiene confinados. Nos va a permitir valorar a las  personas que tenemos a nuestro alrededor, una vez que las despojamos de prejuicios, una vez que la liberamos de las cargas asfixiantes que las circunstancias le provocaban.  Poder mirar más allá de las palabras, de las miradas, en la distancia. Este virus generará un cambio en nuestra forma de trabajar y ya nada será igual.

Si, su mirada a veces se pierde en el infinito de las paredes de su casa, de la que no puede salir. Incluso tiene el sueño perturbado y el apetito disperso. Hay un grupo de jóvenes estudiantes de la UEX, haciendo prácticas en el IMJ que la han vuelto loca. Han abierto en ella vías de escape, válvulas de oxígenos, praderas inmensas, bosques llenos de esperanzas que hacen que el mirar desde su balcón a la carretera, cobre nuevo sentido, pues ya no ve asfalto, ya ve otras muchas cosas.

El primero de esos personajes es Bea, que le ha mandado las dos primeras entradas que va a publicar en su blog de literatura, “Libreratrix”. Montaña no daba crédito. Ítaca, de Cavafis. Ese personaje que ponía su obra únicamente en manos de aquellas personas que podían apreciarla. Y a ella, Montaña, le llegaban esas dos entradas, en primicia, en absoluta primicia. ¿Sería una coincidencia? La belleza del poema de Cavafis, del contenido de esa dos entradas la tienen perdida, dispersa, abandonada, fuera de las cuatros paredes que conforman su actual universo.

Otro de los miembros de este grupo de cinco artistas, que a modo de “Los Cinco” de Enid Blyton nos contarán sus aventuras, se llama Darío.  Montaña, cuyo origen judío es obvio por los apellidos que tiene, lleva viviendo toda una vida en los alrededores de la cueva de Maltravieso.  Nunca se percató de su existencia y se ha enterado por la entrevista que Darío le ha hecho a José Julio García Arranz, que hasta 1951, no fueron descubiertas. Desde entonces, fascinada,  se acerca en sueños, pero nunca se ha atrevido a entrar. Tiene claustrofobia o tal vez le de miedo esas manos  rojas, sin un dedo asomadas por doquier ¿Qué querrán decir?, ¿Cuál será su significado?. Darío, en esa primera entrevista, le ha hecho preguntarse las razones de que sea tan ignorante ante un monumento de esa importancia. Montaña ha visto que Darío no escribe desde la posición de alguien que quiere simplemente informar, Darío quiere mucho más, quiere contagiarnos un virus, un virus que él padece desde hace años, en que siendo estudiante pasaba horas sentados en un banco delante de la entrada de la cueva. Un virus que nos hará amar, sentir como “algo nuestro” la cueva, algo con lo que “poder identificarnos”.

Montaña aún tiene que descubrir a otros tres personajes. Está deseando poder escuchar un “cuentacuentos” extremeño contado por marionetas. Quiere volver a su infancia en que su padre, detrás de una sábana vieja y roída, con una vela, representaba a Marineti y Cortapelo, dos de sus personajes favoritos. De esto se encargará Leonor. Pero no quiere adelantar acontecimientos.

Otro de los miembros de este grupo es Jonathan, que nos hará viajar a lo largo de la historia para poder ver que hubo épocas, momentos, situaciones tal vez parecidas a estas. Las comparará y analizará. A través de sus artículos entenderemos la importancia que tiene su carrera a la hora de hacer análisis y sobre todo tomar decisiones.

Y María, me faltaba María. María ese ser que va a promocionar a determinados artistas. Los va a moldear y nos lo va a presentar desde dentro y hará que nos interesemos por ellos y sobre todo, por sus obras.

¿Entendéis las razones de que Montaña esté enamorada?